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▷ cuentos para niños para leer gratis — [2022] ❤️✅

cuentos para niños para leer gratis

por May 27, 2021Cuentos, Niños

Justo lo que estabas buscando, cuentos para niños para leer gratis, a continuación te traemos una serie de increíbles cuentos para que se los leas a tu niño pequeño totalmente gratis, sin ningún costo, siéntense en un lugar cómodo, arrulla a tu peque y pasa un momento de calidad con el, estos cuentos ayudan a estimular la imaginación y aprendizaje de tu niño o niña.

 

Serena la ballena

Me voy a presentar. Mi nombre es Serena y soy una ballena que quiere contar una historia con final feliz. Recuerdo el día en que nadaba asustada por las agitadas aguas del océano buscando a mi mamá, que no debía estar muy lejos. Las olas eran tan altas que no me dejaban ver. La busqué con ahínco, pero no pude encontrarla y entonces me dirigí con mis últimas fuerzas a la costa más cercana. Necesitaba pensar que hacer. El cansancio me venció y cuando desperté, unas horas más tarde, escuché voces y vi muchos ojos que me observaban con curiosidad. Sentí pánico pero, después de unos minutos, una mano comenzó a palmearme y a mojar mi cuerpo constantemente. Eso me gustó. Miré a un costado, había un hombre que me hablaba bajito para tratar de tranquilizarme. ¡No era fácil perder el miedo, me dolía tanto la aleta izquierda! A continuación se acercó una cara muy seria que me examinó cuidadosamente. Como me trataba con mucha suavidad, sentí que esa persona no me lastimaría y esperé quietita, además estaba demasiado dolorida como para intentar escapar.

En realidad lo único que yo quería era estar con mi mamá. Ella seguramente me estaría buscando muy preocupada, temiendo que algún barco pesquero me hubiese agarrado. En ese momento escuché algo así como: -¡Córranse, ahí vienen los bomberos!

Aparecieron unos señores vestidos todos iguales, con unos trajes de colores brillantes y unas gorras con viseras. Inmediatamente empezaron a ponerme unas sogas alrededor del cuerpo. Eso no me gustó nada y comencé a sacudirme enojada. Otra vez se acercó el hombre de la mirada seria. De repente, ¡un pinchazo! El dolor desapareció, empecé a sentirme más tranquila, como si volara. Nuevamente intentaron poner las sogas alrededor mío, esta vez lo permití. Luego apareció un vehículo muy grande, al que le decían grúa, desde allí bajó un gancho para sujetar con fuerza un arnés que me habían fabricado. Horrorizada comprobé que me levantaban del suelo y después de unos momentos, que me parecieron eternos, me depositaron en un camión, alejándome de lo único que conocía: el mar y la arena. Recuerdo que la mano cariñosa todavía me humedecía. La voz, que me hablaba bajito, no me abandonó ni un momento. Mi recorrido terminó cuando me pusieron en una gran pileta transparente.

Horas más tarde comencé a sentir hambre y nadé hasta el borde, pues había descubierto que allí había un balde del cual provenía un sabroso olor a comida. Ignacio, ese era el dueño de la voz amiga, me ofreció la misma comida que me había enseñado a buscar mi mami. Agradecida comí de su mano, mientras le permití que me acariciara. Cuando terminé de comer levanté la vista; mucha gente me miraba expectante desde lejos. Comprendí que todos se alegraban de verme mejor. Me curé rápido y no sentí más dolor. Comencé a hacer las mismas piruetas que hacía en el mar cuando estaba contenta. Los chicos aplaudían y gritaban entusiasmados. Al poco tiempo esperaba impaciente el horario de visita, sobre todo por la doble ración de comida. Nacho, así le decían con cariño, siempre tenía separado para mi algún bocadito, como premio por las pruebas que me había enseñado. Se metía conmigo en el agua y jugábamos con una bonita pelota de colores, que yo buscaba rápidamente cuando me lo ordenaba. Con el tiempo también permití que los niños me tocaran. ¡Se ponían tan contentos! Así pasaron muchos días.

En algún momento, empecé a sentir que el piletón me quedaba chico. Me golpeaba a cada rato cuando quería nadar a mis anchas. Cada vez más seguido estaba de mal humor. Las visitas de chicos y grandes ya me aburrían. No tenía ganas de hacer piruetas. Trataba de nadar bajo el agua, para mantenerme lejos de la gente. Sintetizando, mi gran amigo y adiestrador percibió el cambio. Entonces pidió una reunión con el director del oceanario y le propuso una idea revolucionaria que cambiaría mi vida: construir un canal lo suficientemente ancho para que yo pudiera llegar sin dificultad hasta el mar y alternar así con el estanque. Debo decir que se produjo un gran revuelo, incluso la prensa se ocupó del tema.

Paralelamente aparecieron unos señores llamados ecologistas, que no sé porqué, estaban muy enojados. Ellos trajeron unos carteles muy grandes pidiendo a gritos mi libertad. Tras largas reuniones y discusiones, finalmente el director permitió la construcción del canal y pude salir de mi casa de cristal. Cada vez que llegaba al mar me ponía muy contenta y nadaba y nadaba hasta quedar cansadísima. Ignacio comenzó a meterse al agua conmigo. Me enseñó a buscar mi comida colocada en unos recipientes anclados en el fondo. Desde la costa unos señores llamados científicos nos observaban y anotaban cosas en unas hojas de papel.

Un día sucedió algo decisivo para mí. Pasaron otras ballenas. Cuando observé que se alejaban quise ir tras ellas. ¡Pero que sorpresa, una red gigante atada a unos postes enormes me frenó!. Mi pobre nariz dio contra la contención y, furiosa, la embestí varias veces. Mi cuidador estaba allí y vio mi desesperación. El ya había previsto esta situación. Apartó las redes, izándolas desde la costa. Así volví a mi vida normal. Me uní al resto de las ballenas, que me recibieron con curiosidad y un poquito de desconfianza. Logré que me aceptaran cuando las llevé hasta los recipientes de comida en donde nos alimentamos hasta el hartazgo. Luego con la panza llena partimos hacia el sur. Mientras nos alejábamos divisé la figura de Ignacio sobre un gran acantilado. Creo que lloraba, mientras agitaba sus manos que tantas veces me habían acariciado.

Hoy, soy una señora ballena. Cada vez que paso a la altura del oceanario, visito el lugar con mis compañeras. Allí siempre encontramos comida y desde unas tribunas que fueron construidas en la orilla, los turistas nos miran pasar. Nosotras aprovechamos para hacer todas las piruetas que se nos ocurren y luego seguimos nuestro camino para volver al año siguiente.

Cuento extraído de: Libro «Los mejores cuentos para niños pequeños»

 

El circo diferente

Por primera vez llegó un circo a nuestro pueblo cuyo nombre es: Alegría; es tan pequeño que ni siquiera figura en los mapas.

Vimos como varios hombres trabajaban para hacer una carpa sobre un terreno baldío cerca de la plaza. El techo parecía una sombrilla gigantesca con todos los colores. Desde la punta hasta el piso colocaron sogas con banderitas triangulares también muy coloridas. En el centro hicieron una pista redonda a la que le pusieron una alfombra roja y, alrededor, colocaron como asientos, tablones escalonados llamados gradas. Cuando terminaron agregaron un cartel en el frente con lucecitas que titilaban; allí estaba escrito el nombre: EL CIRCO DIFERENTE.

Tanto los grandes como los chicos teníamos mucha curiosidad, queríamos saber porque era diferente. La tarde del debut medio pueblo estaba sentado muy quieto y ansioso sobre los tablones que se movían como un barco en el mar. De pronto redoblaron tambores, se encendió un reflector que iluminó la pista y apareció un señor muy gordo todo vestido de blanco: galera, botas, traje y guantes. Tenía unos bigotes como manubrio de bicicleta y usaba un antifaz azul. Saludo haciendo una reverencia. Nosotros aplaudimos.

El hizo ademán de silencio y esperamos oír sus palabras. Con una voz aflautada que nada tenía que ver con su apariencia de melón maduro dijo:

– Buenas tardes señoras y señores, niños y niñas, bienvenidos a:

¡El circo diferente! Ustedes se preguntarán por qué le hemos puesto ese nombre. Bien, les contestaré: es diferente porque aquí no hacemos trabajar a ningún animal todos los que ustedes verán son disfraces dentro de los cuales hay personas que los imitan, hablarán con ustedes y contestarán todas sus preguntas – luego levantando la voz agregó – ¡Que suene la música! ¡Redoblen los tambores! ¡Tendrán ante ustedes el desfile más hermoso que jamás hayan visto!: Elefantes, leones, tigres, panteras -. y siguió, siguió, siguió nombrando animales.

Al comenzar la música se abrió el telón y aparecieron los animales, uno detrás del otro, haciendo piruetas alrededor de la pista. Eran hermosos con sus disfraces de colores intensos. Algunos usaban ropas o adornos, cuellos, moños, chalecos, botones, pulseras o collares, para que lucieran más lindos. Cuando la ronda regresó por donde había salido el señor gordo dijo:

– Ahora les voy a presentar en primer lugar a una familia de elefantes. El nombre del padre es Sabú, el de la mamá Fati y el de la hijita Alin.

Sabú lucía cuello blanco adornado con un moño grandote verde con lunares amarillos. Con una voz gruesa que retumbaba como el trueno nos dijo que tenía 30 años, había nacido en Africa y, nosotros, le podíamos hacer todas las preguntas que quisiéramos. Levanté mi brazo para pedir permiso, quería saber cuántos años podían vivir. Sabú subió a un tambor pintado de verde, se paró sobre las patas traseras y contestó:

– Depende de la vida que llevemos. Si estamos en libertad y felices en nuestro hábitat podemos llegar a vivir hasta 70 años.

Después apoyó las cuatro patas bien juntitas sobre el tambor y comenzó a girar y a mover la trompa para arriba y para abajo.

– ¿Cuáles son los elefantes más conocidos? – preguntó una nena que tenía un paquete de pochochos entre las manos.

Esta vez contestó la Elefanta Fati, que estaba muy bonita vestida con una falda celeste; en las patas lucía pulseras del mismo color llenas de cascabeles que sonaban cuando las movía se sentó sobre otro tambor y contestó:

– Los más conocidos son los elefantes asiáticos y los africanos; se diferencian por el tamaño de sus orejas. Los asiáticos las tienen pequeñas y las hembras no poseen colmillos, en cambio los africanos son más grandes, tienen las orejas enormes y tanto las hembras como los machos poseen colmillos.

Otra nena peinada con trenzas estaba sentada sobre la falda de su mamá preguntó:

– ¿Cuánto tiempo toman la teta los bebés?

Esa pregunta la contestó la elefantita Alin, que estaba preciosa con su falda de tul amarillo y un gran moño que adornaba su cabeza.

– Yo tomé la teta hasta los tres años y medio, pero en general los bebes la pueden tomar hasta los cinco, ahora tengo cuatro años y mis papis me cuidan mucho porque todavía soy muy pequeña.

Fati sin que le preguntáramos nos contó que los hombres han matado muchos elefantes para sacarles los colmillos que son de marfil y muy valiosos algunos pueden medir hasta tres metros y medio. Ahora existe una ley de protección, pero siempre hay algún cazador furtivo que no la obedece, mata, roba y vende animalitos que saca de su hábitat. Si la policía lo descubre lo lleva a la cárcel.

Así fueron desfilando los demás animales. Hicieron pruebas y nos contaron en donde vivían, que comían, cuáles eran sus costumbres, como cuidaban a sus crías y muchas cosas más.

El presentador nos contó que los dueños del circo habían tenido la idea de no hacer trabajar a los animales reales porque consideraban que era esclavizarlos y ellos tenían todo el derecho del mundo de ser libres, porque así habían nacido.

Esa tarde aprendimos muchas cosas y entendimos que les debemos respeto.

Cuando llegué a casa abracé bien fuerte a mi perro Totó porque es mi compañero fiel, me quiere mucho y juega conmigo.

Mis padres y yo lo consideramos un miembro más de nuestra familia.

Cuento extraído de: (3) Facebook

 

La perra pintora

Era mi cumpleaños número ocho, mis padres me regalaron una perrita preciosa. Su cabeza es negra, tiene un flequillo muy largo que le tapa los ojos y le llega hasta el hocico brillante; los cachetes y la barba son blancos, al igual que las patas y la panza. Como tiene las patas cortas y peludas le puse de nombre Pataleta.

Pataleta es muy inquieta, juguetona y sabe hacer muchas cosas divertidas para entretenerse. Yo le tiro lejos su pelota de colores y ella corre a buscarla, luego la trae y la deja cerca de mis pies para que se la tire otra vez. Si la levanto con mi mano, ella salta bien alto para alcanzarla. También sabe cantar; cuando silbo ella aúlla con la boca fruncida y le sale un sonido de trompeta.

Como a mi me gusta mucho pintar, mamá me da permiso para que lo haga en la mesa del comedor, siempre que no ensucie. Entonces pongo un plástico sobre la mesa y unos papeles de diario para protegerla de las manchas de pintura. Cuando tengo todo listo preparo las témperas, cada color en un platito; después pongo un vaso con agua, pinceles, y algunos trapos para limpiar.

Un día que estaba a punto de hacerlo Pataleta, subió de un salto a la silla y de otro a la mesa. Yo le dije: «Pataleta bájate pronto porque vas a hacer un gran desastre.» ¿Saben que hizo? Empezó a caminar por la mesa, metió las patonas peludas dentro de los platos con pinturas y después empezó a caminar por toda mi hoja de dibujo. ¡Zas! Una pataza dejó una mancha amarilla ¡Zas! Otra pataza una mancha roja y, otra celeste y, otra anaranjada y otra vez celeste, amarilla, roja, anaranjada. Cuando la cubrió con manchones me puse a llorar; estaba muy triste porque había ensuciado todo el papel. Después de que me sequé las lagrimas y se me pasó el enojo miré el desastre con atención; cada mancha parecía un crisantemo. Entonces tuve una gran idea: Pinté el centro de cada una con pintura marrón, luego le hice unos tallos con hojitas verdes y un florero de donde salía el hermoso ramo de crisantemos.

Ahora Pataleta y yo trabajamos en sociedad. Somos dos artistas que pintamos cuadros con flores y los vendemos o regalamos a los vecinos del barrio. Fin

Hemos llegado al final de este artículo, gustas dejarnos un comentario? ¿Que tal te parecieron estos cuentos gratuitos? esperemos y sean de su agrado.

Ya por último, te invitamos a que lean los siguientes cuentos que hemos preparado para ustedes:

 

▷ Cuentos cortos para niños de 10 a 12 años | [2021] 

▷ Cuentos de humor para niños | [2021] 

▷ cuentos cortos para niños de preescolar | [2021]

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