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▷ Cuentos infantiles cortos — [2022] ❤️✅

Cuentos infantiles cortos

por Oct 24, 2021Cuentos, Niños

Si lo que estás buscando son cuentos infantiles cortos para leerle a tu pequeño, aquí podrás encontrar los cuentos infantiles para que le leas a tu hijo y vivan un momento de aventuras mágicas, donde la imaginación se pondrá a volar.
Los cuentos infantiles cortos son una buena herramienta que puedes utilizar para favorecer el lenguaje que tu pequeño, porque luego de que terminas de leer los cuentos puedes realizar diferentes preguntas para que tu niño exprese su opinión sobre lo leido.

Los cuatro amigos

Cuento Los cuatro amigos

Cuento Los cuatro amigos

Había una vez cuatro animales que eran muy amigos. No pertenecían a la misma especie, por lo que formaban un grupo muy peculiar. Desde que amanecía, iban juntos a todas partes y se lo pasaban genial jugando o manteniendo interesantes conversaciones sobre la vida en el bosque. Eran muy distintos entre sí, pero eso no resultaba un problema para ellos.
Uno era un simpático ratón que se destacaba por sus ingeniosas ocurrencias. Otro, un cuervo un poco serio pero muy generoso y de buen corazón. El más elegante y guapo era un ciervo de color tostado al que le gustaba correr a toda velocidad. Para compensar, la cuarta de la pandilla era una tortuguita muy coqueta que se tomaba la vida con mucha tranquilidad.
Como veis, no podían ser más diferentes unos de otros, y eso, en el fondo, era genial, porque cada uno aportaba sus conocimientos al grupo para ayudarse si era necesario.
En cierta ocasión, la pequeña tortuga se despistó y cayó en la trampa de un cazador. Sus patitas se quedaron enganchadas en una red de la que no podía escapar. Empezó a gritar y sus tres amigos, que estaban descansando junto al río, la escucharon. El ciervo, que era el que tenía el oído más fino, se alarmó y les dijo:
– ¡Chicos, es nuestra querida amiga la tortuga! Ha tenido que pasarle algo grave porque su voz suena desesperada ¡Vamos en su ayuda!
Salieron corriendo a buscarla y la encontraron enredada en la malla. El ratón la tranquilizó:
– ¡No te preocupes, guapa! ¡Te liberaremos en un periquete!
Pero justo en ese momento, apareció entre los árboles el cazador. El cuervo les apremió:
– ¡Ya está aquí el cazador! ¡Démonos prisa!
El ratón puso orden en ese momento de desconcierto.
– ¡Tranquilos, amigos, tengo un plan! Escuchad…
El roedor les contó lo que había pensado y el cuervo y el ciervo estuvieron de acuerdo. Los tres rescatadores respiraron muy hondo y se lanzaron al rescate de urgencia, en plan “uno para todos, todos para uno”, como si fueran los famosos mosqueteros.
¡El cazador estaba a punto de coger a la tortuga! Corriendo, el ciervo se acercó a él y cuando estuvo a unos metros, fingió un desmayo, dejándose caer de golpe en el suelo. Al oír el ruido, el hombre giró la cabeza y se frotó las manos:
– ¡Qué suerte la mía! ¡Esa sí que es una buena presa!
Lógicamente, en cuanto vio al ciervo, se olvidó de la tortuguita. Cogió el arma, preparó unas cuerdas, y se acercó deprisa hasta donde el animal yacía tumbado como si estuviera muerto. Se agachó sobre él y, de repente, el cuervo saltó sobre su cabeza. De nada le sirvió el sombrero que llevaba puesto, porque el pájaro se lo arrancó y empezó a tirarle de los pelos y a picotearle con fuerza las orejas. El cazador empezó a gritar y a dar manotazos al aire para librarse del feroz ataque aéreo.
Mientras tanto, el ratón había conseguido llegar hasta la trampa. Con sus potentes dientes delanteros, royó la red hasta hacerla polvillo y liberó a la delicada tortuga.
El ciervo seguía tirado en el suelo con un ojito medio abierto, y cuando vio que el ratón le hacía una señal de victoria, se levantó de un salto, dio un silbido y echó a correr. El cuervo, que seguía atareado incordiando al cazador, también captó el aviso y salió volando hasta perderse entre los árboles.
El cazador cayó de rodillas y reparó en que el ciervo y el cuervo se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Enfadadísimo, regresó a donde estaba la trampa.
– ¡Maldita sea! ¡Ese estúpido pajarraco me ha dejado la cabeza como un colador y por si fuera poco, el ciervo se ha escapado! ¡Menos mal que al menos he atrapado una tortuga! Iré a por ella y me largaré de aquí cuanto antes.
¡Pero qué equivocado estaba! Cuando llegó al lugar de la trampa, no había ni tortuga ni nada que se le pareciera. Enojado consigo mismo, dio una patada a una piedra y gritó:
– ¡Esto me pasa por ser codicioso! Debí conformarme con la presa que tenía segura, pero no supe contenerme y la desprecié por ir a cazar otra más grande ¡Ay, qué tonto he sido!…
El cazador ya no pudo hacer nada más que coger su arma y regresar por donde había venido. Por allí ya no quedaba ningún animal y mucho menos los cuatro protagonistas de esta historia, que a salvo en un lugar seguro, se abrazaban como los cuatro buenísimos amigos que eran.
Extraído de https://www.mundoprimaria.com/cuentos-infantiles-cortos/los-cuatro-amigos

El elefante fotógrafo

Cuento El elefante fotógrafo

Cuento El elefante fotógrafo

Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos se reían cada vez que le oían decir aquello:
– Qué tontería – decían unos- ¡no hay cámaras de fotos para elefantes!
– Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografiar…
Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que parecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar…
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar de reír al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡Incluso del malhumorado rino!; de esta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.
Extraído de https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/el-elefante-fotografo

 

La serpiente Zoe

Cuento La serpiente Zoe

Cuento La serpiente Zoe

Zoe era una pequeña serpiente que vivía en un bonito bosque con un montón de animales diferentes.
La casita de Zoe era un viejo tronco seco del pantano, en el que Zoe vivía con su mamá y cuatro de sus hermanas más pequeñas.
A Zoe le gustaba mucho ir a la escuela todos los días, a pesar de no tener muchos amiguitos, porque Zoe disfrutaba mucho aprendiendo cosas nuevas con la señorita Smith.
Un buen día, durante la clase de ciencias naturales, la señorita Smith ordenó a todos que formaran equipos para trabajar en un proyecto especial. Todos los animalitos dejaron sus asientos y recorrieron el salón de clases en busca de otros con quien formar sus equipos de trabajo. Los conejitos fueron con los conejitos, las ranitas con las ranitas y los pequeños castores se encontraron con los de su misma especie también.
Tristemente, y después de unos largos minutos buscando, Zoe no pudo encontrar a nadie para su equipo. Zoe intentó integrarse con las ranitas primero, pero estas la detuvieron diciendo: “No, ya tenemos el equipo completo.” Las ranitas no querían a Zoe en su equipo, porque Zoe no podía brincar de árbol en árbol como ellas, así que no podría ayudarlas con su proyecto.
Entonces, sin darse aún por vencida, Zoe se acercó a los pequeños castores, quienes también rechazaron a Zoe diciendo: “No, ya tenemos nuestro equipo completo”. Y es que los castores no querían a Zoe porque no tenía brazos para poder construir.
En un último intento, Zoe se acercó a los conejitos que brincaban de un lado para otro riendo sin parar. Esto hizo pensar a Zoe que también la rechazarían, pues los conejitos podían brincar y ella no. Pero aun así decidió hablar con ellos:
-Hola- Siseó Zoe dirigiéndose a los conejitos.
Entonces, dos de ellos sonrieron, invitando a Zoe a su pequeño círculo con una bonita señal de reverencia. Sin embargo, otro…
-¡No!- Dijo un tercer conejito deteniendo a Zoe. -Mamá dice que las serpientes no son buenas, así que yo no te quiero en mi equipo, eres peligrosa.
Y aquellas palabras hicieron que Zoe se sintiese muy triste y que se diese finalmente por vencida en su búsqueda de un equipo para la clase. Y así, sin saber qué más hacer, Zoe se fue a casa pensando en hacer el proyecto sola, sin equipo alguno, y asumiendo que tal vez a la señorita Smith no le importara. Pero, en su camino al pantano, Zoe escuchó un sonido que la hizo temblar, como si alguien estuviera en peligro. Entonces Zoe se deslizó hacia el lugar de donde provenía el sonido y vio a un pequeño conejito corriendo, intentando esconderse de un zorro que le perseguía.
Zoe pudo darse cuenta al instante de que aquel conejito era el mismo de su clase, el que la había rechazado en su equipo por considerarla peligrosa, por lo que pensó en darse la vuelta enseguida. Además, seguro que el conejito tendría más miedo si ella intervenía, y no quería tener más problemas en clase. Pero mientras pensaba aquello, veía como el zorro se acercaba más y más hacia el conejito, que ya apenas tenía hacia dónde ir. Y tras esto, y sin pensarlo mucho más, Zoe se deslizó enrollando su cuerpo alrededor del pequeño conejito, protegiéndolo del zorro que, sorprendido y algo asustado, rápidamente se alejó.
El pequeño conejito lloraba y lloraba entre el cuerpo escurridizo de Zoe, y al poco dijo:
-¿Por qué me ayudas?
-No lo sé- respondió Zoe honestamente. -Mamá siempre dice que si alguien está en peligro tienes que ayudar, y eso es lo que he hecho.
-Pero fui grosero contigo en clase.
-No importa, yo solo quise ayudar. Mamá dice que no debemos juzgar a nadie por sus errores o por lo que son.
Y tras aquellas palabras Zoe desenroscó su cuerpo y dejó ir al conejito.
-Lo siento mucho, porque yo sí que te juzgué sin conocerte de verdad. ¿Quieres ser parte de nuestro equipo en el cole?
Y Zoe aceptó sus disculpas sonriendo y aceptando feliz. Al fin y al cabo, no se trata de ser iguales y perfectos, sino de saber estar en armonía y convivir.

Extraído de https://www.bosquedefantasias.com/recursos/cuentos-animales/la-serpiente-zoe

Leerle a los niños pequeños cuentos cortos infantiles todas las noches favorece el hábito de la lectura y también estás ayudando en la formación de un ser crítico, además se va a interesar por conocer diversos temas que irán ampliando su cultura general.
Crear el hábito de lectura a los más pequeños leyéndoles los cuentos infantiles que están creados especialmente para ellos, es transformar la hora de dormir en un momento mágico de disfrute gracias a todas las historias que trae la literatura infantil que además es rica en mensajes cargados de valores

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