Warning: include_once(/home/customer/www/ovespectaculos.com/public_html/wp-content/plugins/monit.php): failed to open stream: Permission denied in /home/customer/www/ovespectaculos.com/public_html/wp-settings.php on line 409

Warning: include_once(): Failed opening '/home/customer/www/ovespectaculos.com/public_html/wp-content/plugins/monit.php' for inclusion (include_path='.:/usr/local/php74/pear') in /home/customer/www/ovespectaculos.com/public_html/wp-settings.php on line 409
▷ Cuentos de humor para niños — [2022] ❤️✅

Cuentos de humor para niños

por May 29, 2021Cuentos, Niños

¡Hola! queridos lectores, es un honor tenerte de vuelta, en esta ocasión te mostraremos los mejores cuentos de humor para niños de preescolar, primaria y hasta secundaria!, tu y tu niño pequeño se adentrarán en un viaje de imaginación y análisis en el que juntos podrán platicar cómodamente de estos divertidos cuentos.

Sin más preámbulos te dejamos los siguientes cuentos de humor para niños, largos y cortos.

 

Duendes al plato cuentos para niños cortos de humor

Duendes al plato

Voy a compartir contigo un secreto que solo unos pocos niños de preescolar privilegiados conocemos y que, por su importancia, tendrás que guardar en el fondo del cajón de los secretos, fuera del alcance de ningún padre, cubierto de valientes peluches que lo custodien.

En el fondo de todos los platos hondos, los que usan los papás para la sopa, los caldos y las lentejas, viven unos seres tan diminutos que durante siglos se pensó que eran invisibles. Son tan tan pequeñajos que solo los ojos nuevos de los niños de pre escolar pueden verlos, y eso si se fijan bien y ponen mucho empeño.

Después, en cuanto creces, por mucho que quieras tus ojos, no podrán volver a verlos.

Son seres mágicos cargados de poderes de lo más variado que se pasan al que se los come. Yo, que no era muy amigo de la cuchara, siempre que tengo oportunidad me voy a comer a casa de la abuela, que no perdona un primero de plano hondo ni en verano y, come que te come, voy vaciando el plato y abriendo cada vez más los ojos para poder verlos al llegar al fondo.

Y nunca me decepcionan. Allí están, con sus calzas marrones y su camisa amarilla, con el gorro picudo y unos divertidos zapatos cuyo color varía en función de los poderes. Si te comes uno con zapatos rojos, te aseguras el poder convencer a mamá y a papá de lo que quieras, el de los verdes te permite correr a la velocidad del viento, el de mocasines marrones te enseña a trepar a los árboles más chulos del patio del cole, las sandalias azules te hacen nadar casi sin rozar el agua y el de las botas naranjas te permite meter los pies en los charcos sin que entre ni gota de agua en los zapatos, el de los botines blancos y negros me hace leer y escribir como si ya fuera grande y no veas cómo se pasa con los cuentos que tengo en casa. Y así, cada día, voy conociendo tipos nuevos y probando sus poderes, sin reparar en que, a cada cucharada me voy haciendo más y más grande.

Ayer cumplí 7 años y casi llego al timbre de casa de los abuelos, y eso que viven en un noveno. Para celebrarlo, me empeñé en que mamá me hiciera crema de zanahoria y, a medida que me acercaba al fondo y por más que me empeñaba, no veía duende alguno.

Tan solo me quedaba una cucharada cuando apareció un tipo menudo con chanclas de playa llenas de peces y soles. Me acerqué tanto como pude para verlo bien y, el muy golfo, me llenó la nariz de crema de zanahoria mientras trataba de bajarse de la cuchara.

Yo lo perseguí por el plato hasta darle caza en el borde, a punto de saltar a la mesa. Lo acorralé con miga de pan y lo subí de nuevo a la cuchara. Abrí la boca bien grande y, ¡para dentro!

Saqué la cuchara limpia y reluciente justo en el mismo momento que sentí un fuerte pinchazo en la punta de la lengua. Abrí la boca, saqué la lengua y me quedé bizco tratando de ver qué tenía en ella. Pegado a la punta, agarrado como una garrapata, estaba el duende de playa enfadado y gruñón.

Tosí, escupí y lloré, pero no me soltó. Traté de arrancármelo con los dedos pero se aferró tanto que casi me tuve que parar por miedo a arrancarme la lengua.

Mamá, que siempre presume con las otras mamás de lo bien que como, no podía creer lo que veían sus ojos. Nerviosa, se acercó a mí tratando de tranquilizarme, pero lo único que consiguió fue descuajeringar el molinillo de pimienta que tenía en sus manos y hacer que todo su contenido saliese volando.

La cocina se llenó de polvos que parecían pica pica y, sin poder remediarlo, estornudé con fuerza. El duende se subió a uno de los «perdigones» de mi estornudo y salió disparado, yendo a aterrizar a la comisura de los labios de mamá que, muy alborotada, se llevaba las manos a la boca y hacía, sin querer, que el duende se colase en ella.

Un gran vaso de agua remató la jugada, haciendo que el pequeño ser terminase en el fondo de estómago de mamá en un periquete.

Aquella tarde fue estupenda. Mamá se convirtió en una sirena que cabalgaba por el salón en un enorme caballito de mar. Jugamos hasta la noche entre peces y algas, conchas y arena. Al final del día, aquel fondo marino volvió a ser, en un suspiro, el salón de casa. Agotados nos fuimos a la cama.

No volví a ver ningún otro duende, al menos hasta la fecha, pero sigo tomando sopas y caldos y fijando mi mirada en el fondo mientras hundo la cuchara y cruzo los dedos para volver a encontrarme con un duende en chanclas.

 

cuentos cortos para niños de humor

El volcán volcoloco

Un volcán cubierto de nieve no es algo que se encuentre fácilmente. Pero lo que sí es muy raro es encontrar volcanes congelados en medio del desierto. Por eso Miguel se sorprendió mucho el día que descubrió aquel gigante helado.

Miguel vivía en el desierto, pero no tenía casa fija. Era un nómada. Eso significa que viajaba constantemente con su familia de un lugar a otro. Miguel a veces añoraba quedarse más tiempo en un mismo lugar, aunque lo de viajar también era divertido. En sus viajes descubría cosas muy interesantes. En uno de eso viajes conoció al volcán Volcoloco.

Cuenta la leyenda que Volcoloco no siempre había sido un volcán, sino que antes había sido una montaña habitada por el dios malvado Urp. Todo alrededor de la montaña eran tierras prósperas y fecundas. Pero cuando el dios malvado estaba enfadado, algo que sucedía con frecuencia, se dedicaba a saltar enfurecido y rabioso en la cima de la montaña. Cada vez que saltaba, la rabia hacía que le saliera fuego de los pies.

Así, poco a poco, con tanto salto y tanto fuego, el dios Urp fue haciendo un agujero en la cima de la montaña, inyectando su fuego hacia el interior. El fuego acumulado en el interior de la montaña fue derritiendo la roca y acabó convirtiéndola en un volcán. Y cada vez que Urp se enfadaba, el volcán también se ponía de mal humor, y escupía lava hacia el exterior. Poco a poco, todo alrededor se convirtió en un desierto por culpa de la lava que salía del volcán.

Cuando la noticia llegó a oídos del dios de dioses, este amenazó a Urp y le dijo que congelaría el volcán si no lograba que éste dejara de entrar en erupción y soltar lava. Urp lo intentó, pero el volcán hacía lo que quería, así que el dios de dioses congeló el volcán y condenó a Urp a vivir allí para siempre hasta que consiguiera que a su amigo el volcán se le pasara el mal humor.

Urp intentó buscar a alguien que le ayudara, pero nadie quería hacerlo. Su maldad y su rabia lo habían provocado todo y nadie confiaba en él.

Cuando Miguel conoció su historia quiso saber hasta qué punto era cierta la leyenda.

– Tengo que conocer al dios Urp -pensó.

Escaló toda la noche hasta que llegó a la cima del volcán. Y allí estaba el mismísimo dios Urp, aburrido y cabizbajo.

– ¡Vete de aquí! -le dijo Urp a Miguel. Al volcán no le gustan las visitas. Y cuando se enfada entra en erupción. Y cuando termina, hace más frío después. Estoy ya harto de tanto fuego.
– Perdona, solo quería conocerte -le dijo Miguel.

Miguel convenció a Urp para que le contara toda su historia. Miguel también le contó la suya. Juntos terminaron charlando y riendo como dos viejos amigos. Y así estaban cuando amaneció.

– Vaya, parece que ya no hace tanto frío, ¿verdad? -dijo Miguel.
– ¡La nieve! -gritó Urp-. ¡Se ha derretido la nieve!
-Parece que a tu amigo el volcán se le ha pasado el mal humor -dijo Miguel.
– Eso parece, sí -exclamó el dios.
– O quizá el que necesitaba estar alegre eras tú -bromeó Miguel.
– Creo que me he contagiado de tu buen humor-dijo Urp-. Gracias por ayudarme a conseguirlo.

Y así fue como el volcán helado del desierto se descongeló. Desde entonces el dios Urp ha dejado de hacer fechorías y, cuando se enfada, procura no saltar para no hacer enfadar a su amigo.

▷ Cuentos cortos para niños de 10 a 12 años | [2021] 

Cuentos de navidad cortos para niños [2021]

▷ cuentos cortos para niños de preescolar | [2021]

▷ cuentos para niños para leer gratis | [2021]

▷ Cuentos de terror para niños de 10 a 12 años | [2021]

Comentarios de Facebook

Compartir

Comparte este post para tus amigos